El otro día me presentaron a un productor musical en la ciudad de Medellín que empezó su carrera hace 3 años aproximadamente. Cuando supo a qué me dedicaba me dijo que este año se propuso a trabajar de forma más seria sus negocios en la música, pero como no tenía un equipo de trabajo y capital económico para sostenerlo, optó por usar contratos generados con la IA de Whattsapp Business para formalizar sus negocios.
Me mostró uno de estos documentos y…no te voy a mentir, tenía lo básico para funcionar. Pero alguien con trayectoria en los negocios del sector musical podría identificar que a ese contrato le hace falta varios puntos claves que evitan problemas muy gordos a futuro.
En el momento no le dije nada, no será el primer ni el único creativo en usar cualquier herraminta de IA para cubrir rápidamente una necesidad. De hecho, ya hay abogados que usan IA (ya sean gratis, pagas, especializadas, como sea) para agilizar tareas legales para sus clientes. Pero sí me dejó pensando en algo que me ha preocupado desde que empecé en este sector: la IA puede incrementar la desconexión del creativo con la forma de gestionar bien sus derechos.
Si tú usas la IA para salir rápido del problema y no te interesa saber qué estás firmando al “formalizar” tus negocios, no le prestas atención a los asuntos importantes. Solo apagas fuegos que no tienes ni idea de cómo se provocaron.
En un mundo con IA, el creativo como el productor musical que me presentaron obtiene una solución rápida gracias a la IA, pero no la analiza, no aprende de ella. Y por eso corre el riesto de caer en el mismo problema una y otra vez porque no sabe identificar lo que falló o le afectó.
Automatizar en estas cosas no es la salida más precisa si no hay un conocimiento base que lo soporte. Mejor dicho, acceder a la IA para generar contratos se convierte en una práctica que busca ahorrar unos pesos, no busca soluciones eficacez que acaben para siempre con la debilidad de tu proyecto o carrera en el sector. Es la misma critica que le hacen algunos creativos a sus clientes potenciales cuando quieren usar IA para generar ilustraciones o videos con el único fin de obtener opciones rápidas, bonitas pero con poco sentido común.
De nuevo, el problema no es la IA, pues ya existen herramientas de este tipo para el sector legal, como es el caso de ARIEL, una asistente creada en Colombia que analiza e interpreta legislación y demás documentación relevante para el sector jurídico. O como Mesa Contracts, especializado en contratos para el sector musical. No se convierten en una competencia para las perosnas que se dedican a los servicios legales, se usa para lo que realmente es: un instrumento más que llega a facilitar algunas tareas del ser humano que se especializa en Derecho.
La IA te dará sus mejores resultados si tienes amoblada la cabeza en el tema que deseas que te apoye. Por eso un abogado diligente y capacitado podrá generar mejores contratos con una IA entrenada, pero tú no sabrás cuando el documento que generas por ahorrarte “tiempo y dinero” te está citando normas o sentencias que no existen ni en Narnia. La IA no te dirá que te está mintiendo a menos que le descubras, solo porque te complace para darte una falsa seguridad que al final, solo te hará daño.
En resumen, mi preocupación es que se vuelva costumbre en los creativos la idea de que la IA es una vía rápida a problemas que no entienden, porque no les interesa COMPRENDER SUS DERECHOS, que su rol no es solo crear, también GESTIONAR LO CREADO, algo que es SUYO por naturaleza y que no debería quedar al azar o en manos de otros el destino de sus proyectos creativos.

